Principales emociones del duelo

Ante la experiencia del duelo por la pérdida de un ser querido, el ser humano experimenta diferentes emociones, como puede ser el dolor entre otras muchas otras, al sentir perdido lo que ama y tener que aprender a resolver ese vacío que deja el ser amado a su partida, provocándole aflicción por la privación o perdida, algo que fue y ahora ya no es, así como el luto, que es la respuesta social ante la pérdida y la pena.

Como sabemos, las emociones son versátiles, son sentimientos que nos hacen sentir de diferentes formas como puede ser: irritados, alegres, etcétera, o de igual manera, sentimos que nos modifican la energía para adaptarnos a cualquier situación que se presente; la emoción se puede sentir como un movimiento hacia fuera, un impulso que nace del interior de la persona y brota al exterior.

En el caso de la pérdida de un ser querido, la emoción más evidente es el dolor: “Al ser humano le duele lo que ama cuando pierde ese objeto, situación o objeto de su amor, elabora un proceso doloroso; no se trata de evadirlo sino de enfrentar el dolor y sufrimiento que esto conlleva. Mientras mas te amo, mas me duele perderte”. (Castro, 2007)

En general hablando de la crisis y el estado de shock que el ser humano experimenta tras la pérdida efectiva del ser querido, existe un primer momento ante dicha perdida, que tiene que ver con la duración y la profundidad el impacto, lo que suele estar en relación con lo inesperado o complicado de la perdida, pero también está relacionado con las capacidades emocionales y cognitivas del ser humano, siendo éstas de gran utilidad para la preparación de todo este sentimiento que está por llegar debido al deceso del
ser amado .

A menudo se combina la negación con la denegación de la perdida; en esos momentos cunado aparecen las manifestaciones del duelo patológico, se viven horas, días o semanas en ese estado de shock y es cuando poco después se ve invadido por emociones complejas y alternantes, tales como: la tristeza, culpa, ira, desesperanza, temores diversos, ansiedad persecutoria, resentimientos, etc.: “El sujeto puede vivir un auténtico estado de shock, con
agitación o embotamiento efectivo, a menudo acompañado de incredulidad, búsqueda o añoranza, angustia, somatización diversas” (Tizón, 2007).

De la misma manera se manifiesta la aflicción y la turbulencia afectiva, que es cuando comienza la añoranza e inclusive llegan a realizar los ruidos, voces, conservan la ropa, su recama intacta, las cosas que les gustaban, lo que produce las sensaciones de la persona fallecida, ocasionando momentos de ilusión y desesperanza por la perdida, siendo esto la confrontación a la negación de la pérdida.

Ante todo esto podemos ver que la pena y la tristeza, con un amplio mecanismo visceral, suelen ser las emociones predominantes, además de la ira (enfados explosiones y cólera), que es frecuente en los deudos o personas profundamente afligidas.

Veremos que desde la diferenciación entre el dolor psicológico, emocional y el
sufrimiento, se puede adoptar una actitud que le permita al deudo vivir dignamente el proceso de duelo y enfrentar el sufrimiento resultante del mismo; distinguiera entre estos tres tipos de dolor, podrá llevar a un control de las emociones y llevar un adecuado proceso de duelo. Vemos, pues que: “Sufrir significa obrar y significa crecer.  Pero también madurar.  En efecto, el ser humano que se supera, madura para su mismidad.  Si, el verdadero resultado del sufrimiento es un proceso de maduración.  Pero la maduración se basa en que el ser humano alcanza la libertad interior, a pesar de la dependencia exterior” (Franki, 2003).

Desafortunadamente nadie no enseña que el dolor y el sufrimiento están presentes y mucho menos nos enseñan qué hacer con ellos; el ser humano es el único ser capaz de darse cuenta de éstos sentires, por tanto, es el único que puede direccionar su sufrimiento y encontrarle un sentido a dicho sufrimiento.

En este contexto podemos mencionar que:

  • Sólo se puede enfrentar el sufrimiento, si sufro por un algo o un alguien.
  • El sufrimiento no puede ser un fin en sí mismo.
  • Sólo tiene sentido cuando se padece “por causa de”.
  • Apunta siempre más allá de sí mismo.
  • El sufrimiento con plenitud de sentido es el sacrificio. Es decir, “a la hora de la muerte el hombre trata de convertir su sufrimiento y su muerte en un sacrificio. Sólo se puede enfrentar si sufro por algo u alguien” (Castro, 2008).
  • El sufrimiento puede dar sentido a la misma muerte, mientras que el instinto de conservación es incapaz de dar sentido a la vida.

Hemos visto que el duelo es un proceso paulatino mediante el cual se va tratando de adaptar a una serie de mecanismos ante la pérdida. Sin embargo, todos estos recursos son irreversibles ante momentos de angustia y pena para el que lo sufre; así, es aquí en donde se involucran las reacciones de tipo físico, mental, emocional, familiar, conductual, sociales, que se presentan ante respuesta a este evento. Frente a ello, existen alternativas que permiten asimilar el dolor, como la intervención en crisis, psicoterapia, contención
en momentos de ansiedad o angustia (control sobre un sentimiento o impulso para moderar su intensidad), con lo que se busca retomar el equilibrio emocional y del propio entorno.

No obstante, nos damos cuenta que los seres humanos presentan ciertas conductas en común, que a través de los años siguen siendo las mismas, para enfrentar la pérdida de un ser querido. Así, entre una gran cantidad de personas que sufren una reacción aguda de duelo, encontramos algunos o todos los fenómenos siguientes, que entran dentro de la descripción de duelo normal (William, 2006).

Sentimiento: Tristeza, enfado, culpa o auto reproche, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, shock, anhelo, emancipación (alivio), insensibilidad.

Sensaciones físicas: Vacío en el estomago, opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización (camino calle abajo y nada me parece real, ni siquiera yo), falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, sequedad de boca.

Cogniciones: Incredulidad, confusión, preocupación, sentido de presencia, alucinaciones.

Conductas: Trastornos de sueño y alimentarios, conductas distraídas, aislamiento social, soñar con el fallecido, evitar recordatorios del fallecido, buscar y llamar en voz alta, suspirar, hiperactividad desosegada, llorar, visitar lugares, atesorar objetos que pertenecieron al fallecido.

Observando estos síntoma, podemos darnos cuenta de que cuando enfrentamos algún tipo de perdida (ser querido, movilidad, amputación, divorcio, infidelidad, trabajo, etc.), nos sentimos extraviados, aislados con todos los sentimientos encontrados, no sabemos cómo actuar, cómo sanar ese dolor tan profundo que sentimos, no sabemos en qué momento eso que está pasando sanará. El no saber qué hacer con ese dolor tan profundo no permite vivir el presente, se cuestiona todo, sin respuesta alguna; las personas cercanas no saben qué hacer para ayudar, y en esos momentos se necesita apoyo para poder entender que
nos está pasando. ¿Cómo poder superar este tramo tan amargo?

Todos aprendemos de todos y asimilamos de los diferentes puntos de vista. Así, “la importancia de poder expresar nuestros sentimientos negativos, nunca nos cansaremos de repetir que la propia existencia es la gran escuela donde vamos fraguando nuestra personalidad.  Así, de cómo hayamos exteriorizando nuestros sentimientos de niños, lo podremos hacer o no de adulto” (Bermejo, 2007).

Lo cierto es que para crecer psicológicamente debemos permitirnos tomar conciencia de nuestros propios sentimientos: agresividad, amor envidia, rencor, solidaridad, etc. Lo que sería negativo es no sentir sino pasar a la acción ese sentimiento negativo.  Por esto, apoyamos a la libertad de sentir, que no es lo mismo que la libertad de actuar.

En el caso del duelo, a veces nos encontramos con personas que son incapaces de sentir bien, pues no pueden sacar fuera todo el odio, agresividad y celos que tienen acumulados contra la persona fallecida.

 

BIBLIOGRAFÍA

Castro G, C; (2007) Tanatología la Inteligencia Emocional y el Proceso de Duelo, 2° edición, Edit. Trillas.

Tizón L,G; (2007). Psicoanálisis, Procesos de Duelo y Psicosis, Edit. Heder.

Castro G, M; (2008) TeratologíaLa Familiaante la enfermedad yla Muerte, Edit. Trillas.

Worden J,W; (2006) El tratamiento del Duelo: Asesoramiento Psicológico y Terapia, Paidos.

Bermejo J, C; (2007) La muerte enseña a vivir, vivir sanamente el duelo, San Pablo.

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