Concepción social del duelo

Desde la definición de lo que es el duelo, en este apartado intentaremos acercarnos a una explicación de las cosas o actividades que la sociedad misma nos impone como reglas a seguir en un proceso de duelo, a partir de donde vamos formándonos una cultura de  “respeto” hacia las personas fallecidas o en una situación de enfermedad de familiares o amigos cercanos (Cfr. Tizón, 1998).

En primer lugar resaltamos que está mal visto llegar a un funeral con atuendos vistosos o joyas, o por ejemplo; aún después de fallecida una persona, no podemos mostrar alegría ante la gente que nos rodea, o hacer actividades como asistir a una fiesta, sonreír, vestirnos de colores alegres, en fin, lo que se quiere decir aquí, es que se nos castiga de cierta forma cuando empezamos a hacer nuestra vida normal de nuevo, después de haber sufrido una pérdida, incluso aun cuando ésta no fue por muerte; un claro ejemplo es cuando hemos terminado con una pareja o hemos pasado recién por un divorcio, después de esto nos toma tiempo recuperarnos y cuando creemos estar listos para dar un siguiente paso con alguna pareja nueva, la sociedad o amigos nos señalan aconsejándonos que debemos esperar un poco más de tiempo.

En los ritos funerarios, que aquí se manejarán como un complemento que nos lleva a asimilar una pérdida, siempre recordando que también es un ritual impuesto por la sociedad; así, no podemos decir que el duelo es 100% personal e individual, pues en él influyen diversos factores sociales unas veces para bien y otras para todo lo contrario (Cfr. Kaplan, 1999).

La sociedad influye en mucho en nuestra manera de asimilar una pérdida. Tan es así que desde que somos muy pequeños, se nos enseña a no mostrar lo que sentimos de una manera abierta, a tratar de enmascarar un sentimiento de tristeza, de enojo o incluso de alegría, lo que en edad adulta trae severas consecuencias, pues no sabemos cómo reaccionar y manejar nuestras emociones ante una situación de pérdida (Cfr. Tovar, 2011)

Por eso mismo, en muchas ocasiones hemos escuchado frases como “los hombre no lloran”, “con llorar no se solucionan las cosas”. Todas ellas pretenden  calmar a la persona y ayudarla a olvidar un poco aquello que le aflige, pero en realidad a la hora de hacer un proceso de duelo esto es muy crítico, pues en lugar de ayudarnos a identificar la manera más efectiva de vivir nuestras emociones, entorpecen nuestro trabajo de aceptación y asimilación.

Además, cualquier persona que se encuentre cerca de nosotros cuando estemos viviendo crisis emocionales por cualquier tipo de duelo, tratará de que nos calmemos, pero esto se desprende porque los que viven el conflicto desde “afuera”, también se encuentran en un dilema sobre cómo hacer frente a diversas emociones.

Con esto queremos apuntar que la represión de una emoción no sólo afecta en el momento en que se lleva a cabo, sino que posteriormente tiene fuertes y graves consecuencias.

Por último, y para recalcar lo que ya se ha mencionado, se hablará del término “agarrar” (Cfr. Tobin, citado por Castro González, 2007).

Ésta palabra se utiliza como un sinónimo de sujetar algo y en éste caso se maneja para señalar que cuando una persona pierde algo importante en su vida, su mayor deseo es conservar ese objeto o persona.

Aquí se puede ver, entonces, que los individuos queremos de una u otra forma evitar las pérdidas de cualquier tipo, pues también nos afecta la concepción social que se tendrá de nosotros; por ejemplo, al momento de un divorcio tendremos miedo a ser señalados o señaladas por ya no estar con nuestra pareja con la que, quizá, habíamos ya formado una familia.

Ahora bien, en general la sociedad siente un rechazo a sufrir pérdidas y significa llevar a cabo verdaderamente un gran trabajo para lograr “darse cuenta” que ya no tenemos ese equilibrio en nuestra vida, y que en todo momento nos hace falta una pieza de nuestro rompecabezas de afectos. Es por ello, que durante un proceso de  duelo, se pasa  por muchas etapas antes de lograr la aceptación y la tranquilidad personal, en donde podemos empezar a soltar aquello a lo que nos habíamos aferrado (Cfr. Castro, 2007).

En nuestra cultura, no estamos preparados para cambios de este tipo, sin embargo con la ayuda de distintas disciplinas como tanatología y psicología, podemos ayudar a la sociedad a acercarse a sus  sentimientos sin sentir represión para expresarlos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Tizón. J. (1998). El duelo y las experiencias de pérdida. En: Vázquez Barquero, J. L. Psiquiatría en Atención Primaria. Grupo Aula Médica, S.A. Madrid.

 Kaplan. B. Duelo, luto y sentimiento de pérdida.  Sinopsis de psiquiatría; Ciencias de la Conducta- Psiquiatría Clínica.  Médica Panamericana S.A (8va.Ed.).  Madrid.

Tovar. O. (2011). Un duelo silente. Trillas. México.

Hazel. L. (2009). No hay mal que dure 100 años. Época. México.

Castro. M. (2007).  Tanatología, la inteligencia emocional y el proceso de duelo. Trillas. México.

 

 

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