Conclusiones

El proceso de duelo debe vivirse dignamente, lo que implica enfrentar el dolor y el sufrimiento, permitiéndonos asimilar cada una de nuestras emociones que van apareciendo durante el proceso de duelo.

La muerte de un ser querido y su impacto, dependerá del grado de intimidad de la relación, pero también de la capacidad de desprendimiento.

La capacidad que tiene una persona de recuperarse frente a la adversidad es diferente. Cuando se han tenido lazos afectivos muy fuertes, la vida del deudo será duramente “sacudida”, en cambio, si las relaciones fueron distantes, el grado de dolor será mínimo.

Después de una pérdida, las cogniciones toman otro rumbo y el entorno de vida del adulto es apreciado de un modo distinto. Ahora bien, el adulto puede no llegar a una resolución saludable si las tareas del duelo no se cumplen, afectando, así, su personalidad y con ésta, la rutina diaria de actividades.

Las emociones se ven afectadas durante dicho proceso, ya que pocas veces estamos preparados para poder comprender la ausencia de los seres que amamos, y esto nos conduce en ocasiones a disminuir nuestra vida social y experimentar sentimientos de coraje, impotencia, culpa, en sí, un coctel de sentimientos. Pero, también, existe una gran posibilidad de que en este procedimiento, el entorno social y familiar del individuo, le tiendan la mano, ayudándolo a reorientar su energía, pero depende también de la aceptación que éste pueda tener hacia la ayuda que recibe, esto sin olvidar que el duelo, tanto en hombres como en mujeres, se vive y se siente de manera diferente.

Por otro lado, al ser nosotros un grupo social en donde la cultura hacia la muerte se ha ido perdiendo, debemos empezar a trabajar en este aspecto, pues todo sería más fácil si desde pequeños aprendiéramos a manejar y expresar nuestros sentimientos hacia la pérdida, lo que nos brindaría la oportunidad de vivir los duelos solamente como la culminación de la oportunidad de vivir, y buscar de nuevo el equilibrio de nuestras vidas.

 Llegando a la respuesta de nuestra pregunta de: ¿Cómo se afecta la personalidad del adulto durante el proceso de duelo ocasionado por la muerte de un ser querido?, concluimos que los sentimientos se modifican al momento de la pérdida y durante el proceso del duelo; sin embargo, la personalidad se modifica en ciertos aspectos como son los cognitivos, biológicos y emocionales, dependiendo de la manera en que se trabaje el duelo.

Reconocer y abrirse al dolor permite al sujeto sentir ese dolor, mirarlo, abrazarlo, expresarlo y, lo más importante, no reprimirlo. Así, el duelo fluctúa entre el hacer y el sentir, dando una orientación que permita aceptar y entender, intelectual y emocionalmente, la pérdida. Concluimos, entonces, que la capacidad del ser humano es infinita en muchos aspectos, por lo tanto, en mayor o menor cantidad de emociones, el individuo casi siempre saldrá adelante.

 

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