Etapas del duelo

A  través del tiempo ha habido múltiples intentos de describir las manifestaciones psicológicas del duelo o etapas por las que pasa una persona que pierde a un ser querido. En el presente apartado se exponen las fases que plantean diferentes autores que, aunque existe una equivalencia sólo parcial entre ellos, hay una progresión de fases que es común y que nos interesa, ya que lleva a la elaboración del duelo.
Se atribuye a Freud (1917) el haber delineado el estudio de los procesos psicológicos del duelo durante el siglo XX. Lindemann (1944) refuerza el modelo propuesto por Freud y define etapas del duelo con base a observaciones de personas que perdieron a sus familiares en forma trágica.

Bowlby, (1970) el autor más importante en el tema, propone su primer modelo sobre las etapas del duelo en 1961, basado principalmente en los influyentes trabajos de Freud y Lindemann (1944). Originalmente plantea la existencia de tres etapas: añoranza y búsqueda de la persona perdida, desorganización y reorganización. Posteriormente (1969, 1980) Bowlby describe la etapa de embotamiento. Esto como consecuencia de los resultados de un trabajo en el que entrevistó a un grupo de 22 mujeres viudas en cinco oportunidades durante el duelo (Parkes, 1964; Bowlby & Parkes, 1970).

Las ideas sobre el duelo propuestas en estos trabajos guardan gran similitud con su conocida teoría del apego (1969, 1973, 1980). En ésta, Bowlby teorizó que los niños pequeños forman, desde temprano, un lazo con la figura materna, cuya ruptura lleva a la ansiedad de separación. Se verá, así, que los mecanismos para afrontar esta separación serían sustancialmente los mismos que son observados cuando un niño mayor o un adulto pierden a una figura amada.

A continuación se describen brevemente los aspectos de cada fase del duelo en los que hay acuerdo entre los diferentes autores, señalando, cuando es necesario, las diferencias entre ellos.

 

 Fase de Evitación

La persona está agobiada por el impacto, se siente embotada, incrédula, desorientada, confundida, incapaz de comprender lo que pasó. Existe un deseo de evadir el terrible hecho de haber perdido al ser amado, una reacción de shock debido a que no es posible asimilar la realidad de la pérdida. También suele producirse una interrupción de los aspectos automáticos y cotidianos de la vida.

La mayoría de los autores incluye en la fase de evitación, tanto el shock o embotamiento como la negación ante el reconocimiento inicial de lo sucedido. Después del shock se produciría el comienzo de un darse cuenta intelectual. Este momento hace aparecer la negación, que también es natural; este punto es terapéutico, debido a que permite ir absorbiendo la realidad lentamente, previniendo el verse superado. Parkes y Weiss (1983) agregan que el deudo desarrolla una explicación de la pérdida, identificando alguna causa inevitable de la muerte, lo que le permitiría bajar la vigilancia y ansiedad de enfrentar una nueva pérdida.  Para  Rando (1984), la persona tiene una sensación de estar y no estar al mismo tiempo, se encuentra en una anestesia emocional que le impide ver la realidad y aceptar que ha sufrido una pérdida.

De acuerdo con Kübler (1972), esta etapa, que se conoce como negación y aislamiento, permite mitigar el dolor ante la pérdida de un ser querido;  además, también nos ayuda a aislarnos para evitar el dolor, que con toda  la naturalidad se espera que se supere pronto. En esta misma etapa encontramos la ira, donde se debe permitir al pariente que llore, grite, hable; aquí es dónde debemos estar para cuando se nos necesite, porque sabemos que le espera un largo camino de duelo por recorrer.  

 

Fase de Confrontación

En esta fase se sienten las emociones más intensas, aunque la expresión de éstas es variable. Según Bowlby (1980) se caracteriza por una motivación poderosa de recuperar el objeto perdido y por la presencia de rabia.

Existe un estado de excitabilidad psicológica aumentada, que se manifiesta como irritabilidad, ansiedad, tensión y que formaría parte de la conducta de búsqueda. El doliente repasa obsesivamente todos los hechos de la vida del ser perdido, las circunstancias de su muerte, qué se pudo y no pudo haber hecho. Según Parker y Weiss (1983), ésta es la característica más típica del duelo. Incluso se puede manifestar de manera física, a través de dolores y visiones. Se describe una sensación de sentir la presencia del ser querido y de sueños vívidos.

De acuerdo con Rando(1984), en esta etapa la persona afronta la realidad y por ello se vuelve la etapa más difícil, se siente invadido por todas esas emociones e incluso se pueden presentar pseudo alucinaciones, pero todo esto es normal. Se fluctúa entre esta búsqueda y el desengaño repetido, la esperanza intermitente, la rabia y la culpa. Pero en forma paralela a este proceso, habría una tristeza profunda, añoranza, congoja y accesos de llanto, como una forma de reconocer que la recuperación es imposible (Bowlby, 1980).

Existen dos emociones habitualmente presentes en esta fase y que causan problemas por la respuesta social que generan (Rando, 1984). La rabia, emoción que siempre se espera como respuesta a la depravación de algo deseado y que se considera la emoción más importante de esta etapa (Bowlby, 1980). Se puede dirigir a otras personas o cosas y es común que sea contra el difunto, lo que es complicado por ser mal visto por la sociedad. La otra emoción, difícil de acoger por los demás como normal y esperable, es la culpa. Puede haber culpa por estar vivo y que el amado no lo esté; por no haberlo protegido de la muerte; por sentir rabia o por sentir alivio, al verse libre de una gran responsabilidad. Incluso el hecho de llorar puede generar culpa, si se percibe como una pérdida del control.

Hay numerosos síntomas depresivos que se dan como parte del duelo, sin constituirse necesariamente en una depresión propiamente tal como: ahedonia, retraimiento social, apatía, desesperanza, pérdida de concentración y de la capacidad para tomar decisiones, y diversos síntomas fisiológicos.

Otra reacción habitual es el sentimiento de mutilación, que nace del concepto de que una parte del doliente ha muerto con el difunto: la parte de su vida que justamente compartían, y que no va a reemplazarse con relaciones que el doliente pueda establecer a partir de ese momento, aunque éstas sean de carácter similar.

Se puede sentir pánico o ansiedad generalizada, que se debería a una aprensión por lo desconocido de la situación que se vive. Generalmente se presenta en las mañanas cuando el deudo se despierta y siente que tiene que enfrentar un nuevo día sin la persona querida. También se presenta una sensación de vulnerabilidad causada por la pérdida actual y los recuerdos de separaciones y pérdidas previas. La percepción de estar actuando distinto de lo habitual hace que sea más aterradora y dolorosa esta fase, por lo que es importante asegurar a los deudos que sus sentimientos son legítimos.

Para  Kübler (1972) Ross ésta etapa se conoce como pacto o negociación; ante la situación de la perdida, que ya es bastante tener que afrontar, aspiramos superar la traumática vivencia. Entra aquí la depresión; cuando ya no es posible hacer una negación, el paciente empieza a tener síntomas de tristeza, adelgazamiento o aun el hablar con la ropa o sus cosas favoritas del difunto. Esto nos habla de un estado en el que se encontrará temporalmente.

 

Fase de Restablecimiento

Sólo si se tolera la emocionalidad de la etapa previa, se puede llegar a aceptar que la pérdida es permanente y a moldear la vida con una nueva forma. Esta redefinición de sí mismo implica renunciar definitivamente a toda esperanza de recuperar a la persona perdida (Bowlby, 1980). Esta fase es una gradual declinación del duelo, marcando el inicio de la reinserción emocional y social al mundo cotidiano. El individuo empieza a examinar su nueva situación y a considerar las posibles maneras de enfrentarla. La pérdida no se olvida, pero se pone en un lugar especial y la energía emocional se reorienta hacia nuevas relaciones (Bowlby, 1980; Worden, 1982).

De acuerdo con Rando (1984) la persona se reubica en el mundo real, se restablece su vida y poco a poco se va recuperando.

Para Kübler (1972) ésta etapa se conoce como aceptación; la cual no significa felicidad, significa que ya ha pasado por las etapas anteriores para empezar a sentir una cierta paz, con los menores temores ante la soledad. Y podrá seguir con su vida haciendo cambios quizá en su hogar.

 

 BIBLIOGRAFÍA

Bowlby J. (1998). El Apego yla Pérdida: El Apego. Barcelona: Paidós Psicología Profunda. (Publicado originalmente en Inglés en 1969).

Kübler; E. (1972) Sobre la muerte y los moribundos. Macmillan Publishing Company, Nueva York.

Lindemann, E. (1994) “Symptomatology and management of acute grief”. American Journal of Psychiatry, 1944, 101:141-148.

Rando, T. A. (1984) Grief, Dying and Death. Illinois: Res. Press Co.

Parkes C. M. & Weiss R.S. (1983) Recovery from bereavement. New York: Basic Books.

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